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@Javpolo

Un blog muy personal

La doctrina del shock

El obligado confinamiento nos ha liberado mucho tiempo y podemos recuperar algunos aspectos de nuestra vida que tenemos descuidados en nuestro acelerado día a día; como la lectura o la escritura. La clausura forzada nos ha hecho cambiar los bares por el wassap, las lecturas ligeras mientras vamos al trabajo por la serena en el sofá de casa o los cines por las plataformas de televisión.

Yo estoy aprovechando, entre otras cosas, para ponerme al día en lecturas atrasadas. Pero además de los atrasos, he recuperado un libro de Naomi Klein (de 2007), que estoy releyendo ahora y que recomiendo. Lleva por título el de este artículo; además tiene un subtítulo bastante gráfico: “el auge del capitalismo del desastre”.

A diferencia de los defensores de las variadas teorías de las conspiraciones, esos que nos inunda ahora con la paranoia de que el covid-19 fue creado en un laboratorio, como lo fueron antes el sida, el ébola y otra amplia gama de virus; Klein defiende que en realidad el sistema capitalista tiene trazado el camino que quiere seguir y que aprovecha las catástrofes y las crisis para imponer todas esas medidas de choque que siempre intentaron implementar, pero que no se atrevieron a hacerlo o que, cuando lo hicieron, tuvieron que retirar por las presiones de los afectados.

Es fácil reducir plantillas laborales en mitad de una pandemia, nadie va a impedirlo; como nadie va a impedir la adopción de medidas económicas extremas para salir de una crisis sanitaria que nos diezma. La trampa viene después, cuando pasa la crisis que provocó esta situación pero las medidas adoptadas no se retrotraen. Ese es el gran riesgo que se corre y, espero equivocarme, lo que veremos el día después de que se dé el alta al último paciente.

El turismo tardará lustros en recuperarse, las factorías industriales que hoy mandan a toda su plantilla a casa, es más que probable que el día después intenten consolidar las reducciones de personal que le han venido dadas y que podrán defender sin grandes problemas ante la objetiva contracción de la economía. Será tiempo de deslocalizaciones, y aventuro que de contención, cuando no de retirada de inversiones.

Si al coronavirus le añadimos la crisis del petróleo que se vislumbra, el repliegue norteamericano en asuntos internacionales o esas guerras inconclusas que siguen generando miles de refugiados, estaremos ante la tormenta perfecta.

Ciertamente nuestro Presidente Sánchez tiene razón cuando dice “lo peor está por llegar”, aunque él se refiera al desarrollo de la pandemia. Yo creo que lo peor empezará el día después.

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No es tan difícil

Comprando lectura y bebida para mi viaje en la estación de Sant, en Barcelona, se me acercó un hombre  para felicitarme. Sorprendido -y pensando que me confundía con otro- me aclaró que la felicitación era por haber elegido como lectura el último ejemplar de “Le Monde Diplomatique”, algo que, según él, me convertía en miembro de un grupo minoritario y selecto de lectores.

Le agradecí la felicitación cortésmente y me quedé, como dicen ahora, “rallado” porque hasta ese momento no era consciente de formar parte de ningún minoritario grupo de lectores. También pensé que igual este hombre no me hubiese felicitado si supiese que soy un poco compulsivo leyendo y que suelo leer todo lo que cae en mis manos, ya se trate de la publicación mencionada o del catálogo de Ikea. Es más, en mi diario desayuno leo el periódico que haya en el bar, algo que en Sevilla se reduce al ABC o al Diario de Sevilla, ambos muy distantes de la filosofía de la revista que nos ocupaba. Bien es cierto que esos otros periódicos y revistas no voy al kiosco a comprarlos y que si puedo elegir…

En fin, que este hombre me alegró la tarde con su felicitación y por el hecho de que se dirigiera a mí en castellano al ver que era el idioma en el que me estaba comunicando con la dependienta. Algo que esas otras lecturas casuales suelen poner en duda cuando se refieren al comportamiento de los catalanes.

El tipo obviamente era progresista, porque si no de qué va a felicitarme por leer lo único rojeras que queda en el mundo. Por su acento es obvio que catalán y por su conversación una persona afable y, juraría, que buena gente. Así que automáticamente fui a más en mis disquisiciones y  pensé en lo que hubiera pasado si este señor supiera que, mientras existió, fui un asiduo comprador de la revista “Ajoblanco” o que me gusta escuchar de vez en cuando –que tampoco hay que abusar- a Manel o a Els Catarres.

No sé, igual piensan que esta diatriba de hoy tampoco es que aporte mucho; pero a mí me hace pensar que la vida fluye por caminos muy distintos a los que reflejan los telediarios y periódicos. Que no es tan difícil, que la gente corriente está en otras cosas y que muchas veces es más fácil entenderse en encuentros casuales que en Parlamentos y púlpitos. De momento ya hay dos lectores de una revista concreta, viviendo en puntos opuestos de la geografía, que durante unos segundos conectaron más entre ellos que quienes supuestamente nos representan.

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Tierra Santa

Un buen amigo me pide que escriba sobre mi reciente viaje a Tierra Santa aún a sabiendas que hay experiencias que me gusta guardar para mí. Creo que lo hace con intención, porque es consciente de que soy uno de esos cristianos minusválidos; otro de los que ha sido educado y criado en el catolicismo, que sigue creyendo en Dios, pero que en esto de la espiritualidad va y viene.

Y así es, aunque ese ir y venir no me impide ser capaz de notar como se erizan mis vellos cuando, por ejemplo, asisto a una misa tras el pesebre donde nació Jesucristo. Misa que, por cierto, es una de las primeras a la que asisto desde la última de difuntos a la que me tocó acudir.

Soy católico desde que, a los pocos días de nacer, mis  padres  me  llevaron  a  la  pila bautismal. La educación que recibí estuvo garantizada por 13 años de travesía por colegios salesianos y, aunque tengo cierto desapego (ahora más discreto, antes más que ostensible), mantengo ritos y costumbres que pasarían sin problemas la prueba del algodón teológico. En mi desapego he sido fervientemente apoyado por algunos obispos -con su piadosa radio COPE o su canal de televisión TRECE TV- y por la inestimable ayuda de los dos Papas que antecedieron al actual.

Aunque mi vida transita habitualmente lejos de Roma, no impide que mantenga en  mi  casa, en lugar privilegiado, el típico azulejo con la leyenda “Dios bendiga cada Rincón de ésta casa”. Si cualquier visitante se entretiene en revisar los libros que tengo en mis estantes, encontrará varias ediciones de la Biblia acompañadas del catecismo y otros textos similares o si rebuscara en los cajones encontraría también medallas y estampas de santos y vírgenes.

Con esta mochila a cuestas, me embarqué junto con mi primo –sacerdote diocesano- y un grupo de peregrinos a recorrer Tierra Santa. Un viaje que tomé como de visita a mis lugares de la infancia. Sí, los lugares que recorrió Jesús los considero lugares de mi infancia. Es la cultura que me transmitieron, la educación que recibí y la fe de mis mayores; especialmente la de mi madre que hará pronto 23 años que murió sin haber cumplido su deseo de caminar estas tierras.

He navegado por el mar de Galilea donde me he emocionado al recordar esa canción que cantaba en las misas: “Tú has venido a la orilla, no has buscado ni a sabios ni a ricos…” he paseado por la Vía Dolorosa en Jerusalén, he rezado en el Santo Sepulcro por el padre de un buen amigo que falleció en el mismo momento que mis pies estaban cruzando los umbrales de la ciudad vieja. También he estado en Belén, en Cafarnaúm, en Betania, en Jericó, en Canaán… una larga lista de lugares que no cabrían en una columna de opinión, entre otras cosas porque necesitó del libro más reproducido y leído del mundo, la Biblia.

Un viaje de espiritualidad, de reconciliación conmigo mismo y con mis orígenes, un viaje que he hecho acompañado en todo momento de mi madre y también de mi padre que, si no hubiese muerto hace poco más de un año, se habría preocupado mucho; era un fanático de la historia -y de las noticias- y conocía perfectamente la realidad política y social de estos territorios tan disputados.

Creo que fue por ese reencuentro conmigo mismo y mis afectos por lo que no tuve dudas al llegar a la orilla del Jordán, a ese lugar donde la tradición dice que Jesús fue bautizado por su primo Juan. Allí mismo, le pedí a mi primo renovar el sacramento del Bautismo, ese que decidieron mis padres por mí y por el que cincuenta y cinco años después les doy las gracias.

Mis conocidos saben que llevo sobre mis espaldas miles de kilómetros, que cada vez menos sitios me sorprenden ya, principalmente porque recorrí una buena parte de nuestro planeta. Aun así en mi vida hay un antes y un después de Tierra Santa en general y de Jerusalén en particular.

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La segunda vida de San Lorenzo

El próximo jueves 30 de enero, a las 19:00 horas, se presentará el cómic “La segunda vida de San Lorenzo” en el Antiqvarivm de Sevilla (sótano de las setas de la Encarnación).

El cómic, editado por Mirada Global, parte de una anécdota real protagonizada por el humorista y comunicador Paco Aguilar que cuenta de propia voz en el documental sobre su vida “Las altas aceras”, que también se proyectará en dicho acto.

El acto estará presentado por el protagonista de ambos trabajos: Paco Aguilar, el dibujante Gaspar “El Pinturillas” y el Director del documental y guionista del cómic Javier Polo.

22 años

Yo también me engaño a veces con esas cursis frases de autoayuda, esas de las que hay una para casi cualquier cosa. En días como hoy siempre intento agarrarme a esa de “el tiempo lo cura todo”. Hubo un tiempo en el que pensé en serio que así era, que con el tiempo las heridas sanaban, cicatrizaban; que las terminabas integrando y  que dejaban de doler. Que la cicatriz me acompañaría hasta mi último suspiro, pero ya sin dolor. Pero no, no es así, la herida sigue doliendo.

Ya no es ese dolor agudo, paralizante; ese que hace saltar lágrimas. Ahora es otro. Menos presente quizás, menos perceptible a primera vista, pero más profundo. Un dolor del que no eres consciente, simplemente cada 23 de diciembre te desvelas en torno a las cinco y media de la mañana y ya no recuperas ni el sueño ni la serenidad hasta que no callan las zambombas y San Esteban y los otros santos, esos que llaman Los Inocentes, te recuerdan lo cíclico que es todo y que la vida no deja de ser un continuo ir y venir.

Los años también hacen que cada vez a ti te acompañan más seres queridos, que dejan a su vez más sillas vacías, sobre todo en estas fechas que el calendario se empeña en teñir en rojo, obligando a celebrar. No, no estoy triste. Pero duele. Mucho.

Ojalá que la razón esté de tu parte y llegue un día en el que nos podamos volver a juntar todos a celebrar. Mientras tanto, seguiremos honrando tu memoria, tus creencias y dejando tu silla –vuestras sillas- en la mesa de Navidad.

Réquiem por el Consejo de la Juventud

Cuando se aprueben los presupuestos de 2020 de la Junta de Andalucía se asestará un golpe mortal al Consejo de la Juventud de Andalucía que verá reducido su presupuesto en un 80%. La única incógnita que quedará por resolver a partir de ese momento será la fecha exacta del sepelio. Sobre las políticas de juventud reclamadas por este organismo como: planes de empleo específicos, bonos de transporte o medidas que faciliten la emancipación; ni se contemplan en el presupuesto, ni se les esperan.

Probablemente esta decisión del ejecutivo andaluz pase desapercibida para los ciudadanos o -a aquellos que la conozcan- les deje indiferentes. Para la mayoría, lo que ocurra con un organismo autónomo de la Junta no cambia el rumbo de nada. Lástima que tengamos una memoria tan selectiva y tremendamente caprichosa y ya hayamos olvidado aquel poema de Martin Niemöller (falsamente atribuido a Bertolt Brecht) que decía: “Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. (…/…) Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.

Al margen de este dato, publicitado por el propio Consejo, no conozco el proyecto de presupuestos por lo que no sé cuántas partidas más se recortarán. Si me he interesado por esta en concreto es porque estoy sentimentalmente unido a este organismo que ayudé a crear desde mediados los años ochenta del siglo pasado y del que fui su primer Presidente entre los años 86 y 89.

En unas semanas asistiremos a los debates en el Parlamento, donde la actual oposición argumentará que la intención última del Gobierno es silenciar cualquier órgano de participación mediamente representativo. El Gobierno probablemente aducirá que este Consejo no representa más que a las asociaciones que lo controlan y que, a lo largo de las legislaturas anteriores, se convirtió en un instrumento amansado que sólo servía para legitimar políticas de juventud cicateras o para justificar las decisiones de quienes le garantizaban el sustento. Como suele pasar en estos debates, a ninguno les faltará razón en sus argumentos, sencillamente se tratará de centrar el tiro en aquellos más beneficiosos en este momento a cada parte y en hacer el ruido suficiente como para que el que más alto grite se imponga en un debate espurio, porque, en realidad, a pocos les preocupará el resultado final, más allá de anotarse una victoria en la Cámara y ante las cámaras.

Como en otros velorios, la culpa es del finado. El Consejo de la Juventud de Andalucía se equivocó. Se equivocó hace mucho tiempo al aceptar integrarse en la estructura del Gobierno y no mantener el espíritu primigenio de ser un organismo plenamente autónomo y administrar sus propios recursos. Aceptó entrar en la maquinaria burocrática de una Junta, mucho más poderosa que Gobiernos de buena parte de los países del mundo. Se equivocó también al no asumir la representación de los jóvenes andaluces en su totalidad y no sólo la de los que están asociados. Estos dos, son para mí los dos pecados esenciales de un Consejo que, como digo, contemplo lejos de la neutralidad al haber sido yo uno de los “padres de la criatura”.

Pero también ha habido grandes aciertos y es innegable que es el mejor, por no decir el único, interlocutor válido entre el, poco desarrollado, movimiento asociativo juvenil y los que nos gobiernan. Ha jugado un papel incuestionable en la generación de debates, en la formación de los jóvenes cuadros de las asociaciones y entidades, ha vertebrado la Comunidad en sus áreas de intervención y ha conseguido ser un lugar de encuentro de los jóvenes de todo el territorio (territorio que era un erial en los primeros años de la década de los 80, cuando se creó). Sólo esto justifica para mí su existencia, su necesidad, su presente y su futuro, ese que se pretende cercenar ahora.

Debo confesar que no me inquieta tanto la decisión del Gobierno -ya sabemos eso de que “la cabra tira al monte”- ni el debate en el Parlamento, desgraciadamente nos hemos acostumbrado a que la política actual es sobre todo ruido, mucho ruido. Lo que me azora es la indiferencia de los ciudadanos ante estas decisiones. Y en esa indiferencia incluyo a esos jóvenes asociados que sí deberían estar haciendo ruido y que permanecen, hasta donde puedo ver, en ese estado de impasibilidad tan habitual en los tiempos que corren pero que tan dañino es para nuestra sociedad.

Espero que en algún momento nos demos cuenta que esto es un “suma y sigue”. Que hoy es el Consejo de la Juventud pero mañana será el de la mujer, el de cooperación, el de inmigración…  y que el día que vengan a por ti o a por mí, en singular, no habrá nadie que nos defienda.

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Cinema Paradiso en el Sáhara

Hasta cuatro planos de la inocente película “Campeones” fueron eliminados en la versión que se pudo ver en el Festival de Cine FiSahara 2019; de “El Olivo” se eliminó una escena completa. Todos los planos de besos o donde la proximidad entre el hombre y la mujer llegaba a reducirse por debajo de los veinte centímetros, desaparecían. No lo hacían a las bravas, previamente eran “anunciados” estos saltos por el acechante cursor del ordenador que chivateaba con antelación la intención del proyectista de ejecutar la sentencia.

Esos planos cercenados, el constante entrar y salir de personas en los lugares de proyección -sin ahorrar en saludos- o el persistente trasiego de niños, más interesados en los foráneos que allí estábamos que en las películas proyectadas, me hizo recordar esa obra maestra del cineasta italiano Giuseppe Tornatore: Cinema Paradiso.

Debo confesar que estaba incomodo al principio. Luego comprendí que no dejaba de ser un milagro llevar la magia del cine a uno de los lugares más inhóspitos y abandonados a su suerte del planeta. El FiSahara, que este año ha celebrado su decimoquinta edición, consigue sentar a todo un pueblo delante de una pantalla durante los escasos días que dura el festival. Y como allí está todo un pueblo, incluidos niños y ancianos, hay que cuidar que los contenidos estén alineados con la moral y las costumbres.

El FiSahara nació con la intención de colaborar en la difusión de la causa saharaui a través de los artistas y cineastas que cada año participan en él. Después de quince ediciones no sólo ha conseguido este objetivo inicial sino que ha logrado sembrar la semilla del cine en tan árido territorio. Semilla que ha germinado en la forma de escuela de cine y que ya ha empezado a dar sus frutos en forma de jóvenes cineastas que han mostrado sus primeros trabajos en una sección propia del Festival. Ahora trabajan en un proyecto de cine itinerante, con la ayuda de la española Fundación Chus Gabeiras, por todas las poblaciones y barrios de los campos de Tinduf.

El Festival en sí también es itinerante, cada año se realiza en un poblado, que allí se denominan wilayas; este año tocaba la de Auserd. Conceden tres premios, uno por cada sección del Festival: Mejor película extranjera, mejor película de temática saharaui y mejor película de realización saharaui.

El premio a la mejor película extranjera se lo llevó la española “Campeones” de Javier Fesser. Los actores Jesús Lago y Alberto Nieto recogieron el premio y la ovación de los asistentes, convirtiendo la cinta en la gran triunfadora de la noche.

Los otros dos premios son más políticos. No sé si he utilizado la palabra adecuada, en cualquier caso, son los dos premios/secciones que tienen que ver con la causa saharaui.

El polifacético argentino Néstor Antonio Suleiman con su “Diáspora en el Sáhara” nos hace un recorrido por lo que él mismo llama la ruta de la emancipación, en un trabajo muy elaborado y completo -que se puede ver libremente en su propio canal de youtube. Largas conversaciones he podido tener con él sobre el mundo árabe en general, el saharaui en particular y sobre el cine comprometido. Me anima a escribir y filmar sobre el Sáhara y sus gentes, a pesar de saber que tengo un perfil muy alejado del suyo de cineasta militante, como a él mismo le gusta definirse. Quizás algún día, cuando descubra qué hacer con los besos que no puedo mostrar en esas latitudes, me decida a rodar allí; por supuesto si él me acompaña en la aventura.

Por último, Equipe Media se hizo con el galardón de mejor película de realización saharaui con su obra de animación “Heridas abiertas”, que versa sobre la situación en la que viven los saharauis en el territorio ocupado por Marruecos. Una descarnada obra de cine político que no deja indiferente a nadie.

No faltaron actividades paralelas al Festival: Talleres con mujeres, de fotografía, conferencias sobre la situación política, recepciones, discursos… El broche final fue un concierto de Rozalén, con Beatriz Romero y Piltra, acompañadas por Nacho Taboada, del Colectivo Panamera.

¿Cómo puedo resumir FiSahara? Aún no he tenido suficiente tiempo como para madurar lo vivido y lo sentido estos días. Días que han sido de cine bajo esas estrellas que ya no podemos ver en nuestras contaminadas ciudades. Días de un cine que intenta mostrar la dureza de un pueblo abandonado a su suerte, pero que se escandaliza con un furtivo beso en la pantalla. Días de cine militante, comprometido y sin paños calientes. Pero también días de ese cine más transversal, más social, más ameno o de ese primerizo cine de los realizadores locales formados en la escuela nacida del propio festival. En definitiva, días de ver ese cine en mayúsculas que tan ausente de nuestras ibéricas pantallas está, como si el Sáhara Occidental no tuviera nada que ver con España.

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Presidente Twitter

Si creían haberlo visto todo en el uso de Twitter en la gobernanza mundial con Trump, quien se despacha a gusto y a diario en esta red, les recomiendo que sigan a Nayib Bukele, flamante Presidente de la República de El Salvador, quien está dando los mejores momentos twitteros de este mes de junio.

En su cuenta en esta red social le hemos visto ordenar a sus ministros el despido (remover le llama él) de un buen número de asesores y cargos de la anterior administración. Le hemos visto ordenar también a sus altos cargos el emprendimiento de obras y el cumplimiento de promesas electorales. Y eso sólo en los pocos días que llevamos de mes, ya que tomó posesión el pasado día uno.

Ante el éxito de su cuenta -con casi 850.000 seguidores en el momento que escribo esto- se nos ha venido arriba el muchacho y ya incluso manda a dormir a sus conciudadanos. Algo que es jaleado y retwiteado por su legión de seguidores, a los que además les cuenta de sus problemas con las corbatas, por ejemplo.

Otra de sus órdenes, esta al mundo mundial, es no volver a llamar payasos a los políticos corruptos, ya que es una palabra que ofende al colectivo de payasos, a los de verdad.

Como ven, muy divertido este Presidente. Nada que ver con esos momentos de gloria que nos dieron Chávez, Maduro o Morales. Este es muy cool para los suyos, muy moderno y con una presencia impecable, tanto que a ratos no sabemos si realmente es el Presidente de un país o un influencer al uso, al que pronto veremos luciendo abdominales y recomendando ropita.

Muy divertido todo, lástima que estemos hablando del séptimo país más violento de toda Latinoamérica (a pesar de ser uno de los más pequeños). Muy divertido el presidente de uno de los países con menor renta del continente y, por tanto, más necesitado de la ayuda internacional. Y muy divertidos todos esos ministros pendientes todo el día de Twitter para ver qué ordena el Presidente y contestarle sin demora, no vaya a pensar que no son merecedores de estar en ese coolgabinete.

Muy divertido todo, sí. Luego nos haremos esa famosa pregunta con la que comienza la obra “Conversación en la Catedral” de Vargas Llosa: “¿En qué momento se había jodido el Perú?”  (Sustituyan Perú por…)

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Toda la sangre que nos queda

Fue en Punta Umbría, a primeros de este mes de mayo que acaba, donde conocí a Natalia Jaramillo, una joven poetisa colombiana de Envigado, el municipio del área de Medellín donde se crió el narcotraficante Pablo Escobar.

Yo visitaba fugazmente el EDITA de este año, el festival iberoamericano de la edición, la poesía y las artes que cada primero de mayo se celebra en esta localidad onubense desde hace 25 años y, como digo, allí conocí a Natalia. Traía en su mochila su último poemario “Toda la sangre que nos queda”  y me regaló un ejemplar mientras cenábamos. Por cortesía le eché un primer vistazo y leí un par de poemas, en el intermedio entre la ración de chocos y la de adobo. Los versos escritos llamaron mi atención hasta el punto que esa noche no pude conciliar el sueño hasta no terminar de leer todo el libro que, afortunadamente para mí, no era demasiado extenso. Después lo he releído un par de veces más.

Este descarnado poemario me hizo retrotraerme al Medellín que conocí a finales de los años 80. Ese Medellín violento, al que coloquialmente llamaban “Metrallo” y que me aterró. Yo formaba parte de una delegación de la Cruz Roja Española que tenía la misión de identificar necesidades sociales (Ni que decir tiene que el informe que hicimos de aquella visita fue bastante extenso). Fueron unos años crueles, “años de plomo” les llamaron allí.

Una ciudad dominada por un cártel de la droga que no atendía a razones, en un país que contaba además con tres importantes grupos guerrilleros y con decenas de grupos paramilitares, todos ellos hiperactivos. Aquella Medellín es la que describe los poemas salidos de la pluma de una chica que no conoció aquello. Su juventud hace que su visión procede más del conocimiento transmitido por sus mayores que de sus propias vivencias personales. Y aun así desgarran sus versos como si hubiese sido ella la protagonista o, al menos, testigo de todo aquello.

Es un poemario oportuno. Oportuno porque conservar la memoria es siempre necesario; pero también -y sobre todo- porque las noticias que nos llegan desde la amada Colombia, nos devuelve hoy a aquellos años de plomo. El nuevo Presidente, Iván Duque, está embarcado en desandar el laborioso y esperanzador camino emprendido hace unos años por su antecesor, Juan Manuel Santos, que consiguió desmovilizar al principal grupo guerrillero, las FARC, dialogar con el último que queda en activo, el ELN, y que fue recompensado con el Premio Nobel de la Paz de 2016.

Duele Colombia, pero gracias a mujeres y hombres valientes, como Natalia, queda alguna esperanza de que no todo se deshaga. Ojalá se imponga la cordura y no haya que hacer una segunda parte de aquel poemario que desgarró mi alma en aquella habitación de Punta Umbría.

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