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@Javpolo

Un blog muy personal

Un hipster en la España vacía

He leído prácticamente del tirón este libro de Daniel Gascón. Un relato, en clave de humor, sobre el choque entre el mundo rural del Aragón más profundo con la posmodernidad más hilarante, esa que no deja de ser una comedia de sí misma.

Enrique, el protagonista de la obra, abandona Madrid para establecerse en un pequeño pueblo de Teruel sin abandonar -ni ganas de hacerlo- ninguno de sus postulados de modernito progresista de la capital del país. Llega a este rincón del mundo con la intención de enseñarles a sus habitantes cómo se tienen que hacer las cosas. Una parodia surrealista si no fuese porque la mayoría de nosotros somos capaces de ponerle cara, nombre y apellidos reales a este personaje de ficción.

Hilarante texto, cargado de lugares comunes y verdades como puños, a pesar de su aire cómico, incluidos personajes tan extravagantes como reconocibles. Su virtud principal es hacerte pensar durante días en una historia que es tan verosímil como esperpéntica. Yo además elegí leerlo mientras hacía un recorrido estival por las Sierras de Gredos que, a pesar de no ser Aragón, me sirvió para imbuirme más en el relato.

El paseo de Rostock a Siracusa

De la época de la guerra fría hemos conocido todo tipo de novelas con argumentos de lo más variopinto pero que mayoritariamente se centraban en dos hechos: las más de las veces en ciudadanos del este que querían fugarse al oeste y, en menor medida, personas que pretendían lo contrario. La historia que nos cuenta este libro de Friedich Christian Delius –editado por Sajalin editores- es absolutamente original y parece ser que es real. Cuenta la historia de un camarero de Rostock, con una vida acomodada en la República Democrática Alemana, que está obsesionado con viajar a Italia siguiendo los pasos de un poeta sajón, para después volver a su vida de siempre en la RDA.

No se trata, por tanto, de ninguna historia de disidencias ni de espías, es sencillamente una historia de inquietudes culturales y de ejercer el derecho a la libertad que el régimen socialista no le daba, pero para el que curiosamente, tampoco estaba preparado occidente. Gompitz, que así se llama el protagonista, vive con la obsesión de visitar Italia, siguiendo los pasos del poeta sajón Seume, pero su gobierno no le permite salir del país, por lo que planea su fuga durante siete años, para luego, una vez realizado el viaje: volver a casa. Con el consiguiente desconcierto de las autoridades de ambos lados de la frontera.

El libro está muy bien escrito y con tono documental; marca cierta distancia con los hechos que relata y con las realidad del momento, aun así te enganchas con la historia y las vicisitudes de su protagonista. El libro es muy interesante y se lee con facilidad e interés hasta sus últimas líneas. Un libro bastante recomendable y que me ha gustado especialmente.

Un Puente sobre el Drina

Un puente sobre el Drina es la obra más importante de Ivo Andric, (Dolac, 1892-Belgrado, 1975), escritor bosnio que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1961 “por la fuerza épica con la que ha reflejado temas y descrito destinos humanos de la historia de su país”.

La novela trata sobre la historia de la ciudad de Visegrad (Bosnia), situada a orillas del río Drina, que tuvo un momento de esplendor en la Edad Media por constituir un puente de tránsito entre el mundo cristiano y el islámico. Esta novela recoge la historia de esa comunidad plural y conflictiva tomando como pretexto narrativo el gran puente de piedra que cruza el río, lugar de encuentro y paseo para sus habitantes. La larga crónica abarca desde el siglo XVI hasta principios del siglo XX y nos da cuenta de las tensiones y enfrentamientos que se suceden y heredan de generación en generación.

El libro constituye una narración imprescindible si se quiere entender la realidad de los Balcanes y las raíces en las que se asienta. Felipe González (ex-presidente del gobierno español) dijo de este libro que leyendo “Un puente sobre el Drina” se aprendía más sobre el enquistado problema de los Balcanes, que estudiando y desentrañando montañas de informes y documentos de especialistas en el tema.

 

 

De pronto

Hay una pandemia más letal a largo plazo que la del Covid-19; la tenemos invisibilizada como todas esas cosas que llevan toda la vida con nosotros: la desigualdad económica.

La última edición de los Indicadores Urbanos del Instituto Nacional de Estadística (INE), vuelve a poner en evidencia que las siete ciudades españolas con menor renta per cápita son andaluzas, cinco de los seis barrios más pobres del país son también andaluces (tres en Sevilla ciudad) y adivinen donde se encuentran las cinco primeras localidades con mayor tasa de paro: en Andalucía. De estas últimas, destaca especialmente Linares (Jaén), con casi un 31% de tasa de paro. El día que haya un estallido social allí todo el país dirá eso de “de pronto…” como si las cosas que ocurren en el mundo realmente pasasen de pronto.

No seamos ilusos, nadie desvelará su sueño ni unos minutos por estos datos repetidos año tras año, algunos dirán que no son reales, que con un 31% de paro y poco más de 5.000 euros de renta media anual (en los casos más extremos) es obvio que viven de la economía sumergida, como si eso fuese una elección propia. Saldrán los de siempre diciendo que en el campo hay miles de peonadas que nadie quiere hacer sin preguntarse por qué los jornaleros andaluces siguen acudiendo a la vendimia francesa, por ejemplo, y pocos acuden a la recogida de la fresa en Huelva.

El gobierno -los gobiernos- presumirá con las tasas de crecimiento de los distintos sectores económicos en este año que pueden seguir haciéndolo; no quiero ni pensar los datos que reflejará la edición de 2021. Hablarán del crecimiento acumulado en los últimos años como si este se hubiese repartido equilibradamente o como si esa frase no fuese un canto de sirena en Linares, en La Línea, en Isla Cristina… Ese mismo gobierno hablará del refuerzo policial ante el repunte “de pronto…” del narcotráfico en Andalucía, actividad económica que no para de crecer al ser la única opción real en buena parte de las poblaciones y barrios de ese perverso ranking del INE.

Hace años que perdí cualquier esperanza de que las autoridades se tomaran el revertir estos datos como prioridad y emergencia nacional. Ya solo me conformo con que, en algún momento, esta realidad sea incluida en la agenda social de gobierno. Sí, ya sé que soy un poco iluso, que sólo se incluirán estos asuntos si algún día “de pronto…” ocurre algo que lo coloque en el prime time de las televisiones.

Opiniones compartidas en: Irispress y La Mar de Onuba

25 de mayo, día mundial de África

África es especial. Te abre el cuerpo, alerta hasta el último poro: los olores, las sensaciones, los colores, la suciedad, la hospitalidad, el odio, y la indolencia. Y una energía que está ahí, aunque nos obstinemos en no percibirla y sus habitantes se empeñen en ocultarla.

Les hemos enseñado a eso: siempre, desde el poder, se enseña el silencio y la sumisión. África para mí significa siempre un viaje interior y exterior. Quizá porque en África estén las raíces de todos y cada uno de nosotros. Un continente de mitos, tribus, ancestros y miedos. Un continente donde el paisaje llama a la libertad y donde posiblemente nunca se haya podido vivir esa libertad. Libertades abortadas siempre porque es un continente demasiado rico. O fue un continente demasiado rico. Exhausto ya, todo un polvorín.

Fotos: Javier Polo

Angosta

Debo confesar que estoy enganchado a Faciolince. En mis viajes a Colombia me aficioné a leer sus columnas en Soho y en Semana; desde entonces es un periodista-escritor que sigo con fervor. Angosta es uno de sus libros, que tengo entre mis favoritos.

Es una obra curiosa, aunque es un resumen de la convulsionada historia de Colombia, en realidad es una fábula que, a mi entender, sobre el fondo de la violencia mezcla distintas alegorías del cielo y del infierno, con su correspondiente tránsito por el purgatorio, refleja la violencia de su país pero juega con la simetría de esta con otros conflictos como el árabe-israelí o el terrorismo internacional. También trata de la inmigración, de la política, del compromiso y, como no, del amor y del sexo.

Faciolince juega también con la historia de la literatura de su propio país –especialmente con cien años de soledad- y se permite incluso un guiño sobre la literatura en español, en un capítulo que, según cuenta él mismo, los editores quisieron suprimir en su edición para España.

Todo este revuelto tiene un resultado interesante, es una obra original, divertida, que se deja leer y que te hace pensar. Buena obra para mi gusto, aunque difícil de encontrar en las librerías españolas.

Las aceras mexicanas

En unos días se emitirá, por segunda vez, en el Canal 21 de la Ciudad de México un documental del que fui director, guionista y productor: “Las altas aceras”.

Cuando lo rodamos, le pusimos un subtítulo que reflejaba lo que era: “una historia de superación y humor”; y ciertamente cuenta una historia, la del humorista, actor y comunicador sevillano Paco Aguilar, la cinta se centra en cómo es el día a día de alguien a punto de cumplir 70 años, 30 de los cuales los ha vivido a la sombra de la esclerosis múltiple que le diagnosticaron un buen día. Desde ese momento su historia incorpora el apellido de superación, no porque haya superado una enfermedad que aún no tiene cura, sino porque con su humor innato ha sido capaz de conseguir que la enfermedad le afecte lo justo, lo obvio. Decidió vivir con lo que tenía y nunca contra lo que tenía y ha hecho de su biografía un ejercicio de resiliencia que ríase usted de los consejos enlatados de Paulo Coelho.

Javier Polo y Paco Aguilar en un momento del rodaje

El modesto documental, producido por Mirada Global, se estrenó en el 14 Festival de Cine Europeo de Sevilla, en 2017 e hizo un discreto periplo por seis festivales internacionales de España, Rusia y México. Lo presentamos en ciudades, asociaciones y centros educativos gracias al concurso de muchos amigos que ayudaron. Cómo no agradecer a Perico Echevarría su ayuda para presentarlo en Huelva de la mano de La Mar de Onuba y poniéndonos en contacto con otros amigos que han hecho que la experiencia sea inolvidable, hasta el punto que me anda provocando para hacer un spin-off onubense.

La película se presentó en México hace dos años en el Festival de Cine “Contra el silencio todas las voces” de 2018, un más que interesante certamen de cine social que se celebra en aquel país con carácter bienal. Me resistí a acudir en persona al Festival; en un principio decidí mandar la película y algún vídeo de presentación por varias razones; la más poderosa era la situación de inseguridad de aquel país que me auto-convenció que ir a un festival de derechos humanos en un lugar que yo veía como de gatillo fácil no era la mejor idea para un europeo. Además, mi padre tenía una enfermedad terminal que me obligaría a acortar mi estancia al tiempo estrictamente necesario para las actividades del festival. Junto a ambas cuestiones había una tercera razón, la coincidencia en fechas con la Feria de Abril de Sevilla. Esta última razón les parecerá menor, pero a mis 53 años era la primera vez en mi vida que faltaba a mi cita anual con el Real de Los Remedios.

Mi interlocutora en México, Erika Acosta, me convenció finalmente conjugando paciencia con una cierta condescendencia que hoy le agradezco. Supongo que tuvo que utilizar sus mejores artes para convencer a este paleto que el mundo entero es inseguro, incluida la vieja Europa, que en esos meses se encontraba con atentados terroristas cada pocas semanas. Y allí me fui; a un entrañable Festival y a la coqueta casa de Coyoacán en la que me acogieron los días que duró mi estancia, que no era azul como la Frida Kahlo pero estaba cerca de esta.

El documental se proyectó, gustó, y generó un bonito y largo debate entre los espectadores que hizo que mis anfitriones tuvieran que recordarme que eso era un festival y que tras mi película había otras. Trasladamos el debate a los pasillos con los últimos “hartibles” (que es como llamamos en Andalucía a los que no se hartan).

Dos días después se volvió a proyectar en la Universidad del Distrito Federal para los alumnos de Comunicación. Nuevo debate, largo, bonito, con más tecnicismos, y nuevamente con final “hartible”, aunque esta vez fui yo el que tuvo que cortar porque me esperaba la casa de Trotsky (un señor al que mejor no hacerle esperar) y un almuerzo con mi amiga Cecilia Ballestero, que en esos días vivía y trabajaba allí como corresponsal del diario El País. En cualquier caso, no me dejaron salir hasta que no me entregaron un reconocimiento de la Universidad (si yo fuera como algún político de por aquí podría presumir de tener un master solo por eso) y me hice una foto con algunos de los asistentes.

Al final, este paso por México que tanto me asustaba al principio me ha hecho descubrir un país hospitalario como pocos, agradecido como ninguno y me ha facilitado encontrarme con nuevos amigos que hoy parece que los conociera de toda la vida. No sé si habrá spin-off onubense de Las altas aceras, lo que tengo por seguro es que, más temprano que tarde, rodaremos en alguna acera mexicana y espero en esa ocasión no ser tan paleto.

Sostiene Pereira

Sostiene Pereira, que para que el Mal triunfe sólo es necesario que los hombres buenos no hagan nada.

He vuelto a leer –por enésima vez- este precioso y sencillo libro del italiano Antonio Tabuchi, ambientado en la Lisboa de 1938, en plena dictadura salazarista. El protagonista, Pereira -un desorientado periodista que ha abandonado la crónica negra de su periódico, para dirigir la sección cultural- mantiene una vida tranquila, solo interesado por la literatura y por mantener vivo el recuerdo de su fallecida esposa. Necesitado de un ayudante que le redacte las necrológicas, contrata a a Monteiro Rossi. Éste, lejos de hacer el trabajo por el que le pagan, se dedica a escribir peligrosos artículos que atacan el fascismo.

Pereira se debate entre el deseo de ayudar a su joven colaborador y su interés por no verse envuelto en cuestiones políticas. No obstante, poco a poco va implicándose y comienza a ser consciente de la realidad del régimen en el que vive y va complicándose en un camino que termina siendo irreversible para él, intentando encontrar el sentido de la frase con la que abro este post.

Se trata de un libro que, a pesar de estar ambientado en la primera mitad del siglo pasado, es de una descarnada actualidad. La novela fue también llevada al cine, en uno de esos trabajos que no desmerecen al texto original, donde un magnifico Marcelo Mastroianni interpreta el papel principal.

Libertad

Libertad, la palabra más bonita y seductora del diccionario. En su nombre se han iniciado revoluciones, se han movilizado multitudes, se ha marchado contra palacios de invierno, se ha derramado sangre… Su conquista nunca fue gratuita. En tantas ocasiones de la historia de España se consiguió como veces se esfumó.

Preciosa palabra que suena de una falsedad abrumadora en la boca de quienes solo la utilizan a conveniencia. Los que la usan para dividir, para anular a los que no piensan como ellos. Qué triste ver esas bocas no autónomas que la nombran, sin que parezcan conscientes de cómo están siendo usadas por quienes persiguen intereses espurios y que, en realidad, solo la están reclamando para sus iguales, para los que tienen su misma concepción política y clase social.

Reclaman la libertad de protestar contra un gobierno que no gestiona bien, obviando que el problema real es que no es el gobierno que ellos pretendían. Exigen la libertad de movimientos en mitad de una pandemia que cercena la vida de cientos de miles de personas en todo el mundo. Demandan la libertad de ser de sus familias sin estar dispuestos a aceptar que existan otras que no responden a sus cánones. Hablan de libertad para su religión, asumiendo que las otras deben ser una concesión arbitraria. Reclaman, exigen, demandan… porque la preservación de la salud pública y la vida es algo etéreo y lo de poder almorzar en mi restaurante favorito con mis amigos es concreto.

Como ya algunos manifestantes no tienen edad ni salud para excesos, en este canto diario a la libertad se llevan a su asistenta, esa chica de la periferia que ha tenido la suerte de ser acogida en casa por un salario que ellos consideran justo, aunque el resto del planeta diga que es mínimo. En su sueldo va incluido el atizar la cacerola que ellos no son capaces siquiera de portar, no hablemos ya de usar. Quizás esa chica sea de otro país, del otro lado del Atlántico, donde ya vivieron caceroladas parecidas como preludio de esa “libertad” que impusieron militares armados.

No, no nombres nunca la palabra libertad cuando no conoces su significado y lo único que pretendes es aprovecharte de una desgracia para, una vez más, defender tus intereses particulares.

Opiniones compartidas en: Irispress y La Mar de Onuba

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