He leído prácticamente del tirón este libro de Daniel Gascón. Un relato, en clave de humor, sobre el choque entre el mundo rural del Aragón más profundo con la posmodernidad más hilarante, esa que no deja de ser una comedia de sí misma.

Enrique, el protagonista de la obra, abandona Madrid para establecerse en un pequeño pueblo de Teruel sin abandonar -ni ganas de hacerlo- ninguno de sus postulados de modernito progresista de la capital del país. Llega a este rincón del mundo con la intención de enseñarles a sus habitantes cómo se tienen que hacer las cosas. Una parodia surrealista si no fuese porque la mayoría de nosotros somos capaces de ponerle cara, nombre y apellidos reales a este personaje de ficción.

Hilarante texto, cargado de lugares comunes y verdades como puños, a pesar de su aire cómico, incluidos personajes tan extravagantes como reconocibles. Su virtud principal es hacerte pensar durante días en una historia que es tan verosímil como esperpéntica. Yo además elegí leerlo mientras hacía un recorrido estival por las Sierras de Gredos que, a pesar de no ser Aragón, me sirvió para imbuirme más en el relato.